Una estupenda autoficción sobre el maltrato infantil, físico y psicológico,
en un entorno familiar conservador y asfixiante.
Sinopsis oficial
¿Qué pasa cuando la infancia no es el lugar feliz que debiera ser? ¿Cuánta
violencia y locura se pueden ocultar entre cuatro paredes? ¿Qué sucede
cuando los que más dicen quererte son la causa de tus miedos? Crecer en una
familia que da la espalda a la realidad de los demás, sobrellevar una moral
católica impuesta hasta el último extremo, pero, sobre todo, averiguar que
eso que vives no es lo aceptable, son solo algunos de los interrogantes y
circunstancias que envuelven a la narradora de Papá nos quiere y a su
hermana Jade.
Ficha técnica del libro leído
Título: Papá nos quiere
Autor (es): Leticia G. Domínguez
Editorial: CABALLO DE TROYA
Fecha publicación: 10/2023
Formato: eBook
Páginas: 224
Acerca de la autora
Leticia G. Domínguez
(Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas y desde entonces trabaja
como programadora en startups. Ha colaborado con algunos artículos en
medios culturales como Nayagua, Ámbito Cultural o La Grieta, entre otros.
Hizo el Máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka.
Papá nos quiere es su primera novela publicada.
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Fuente: penguinlibros.com
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Mis impresiones
Solemos considerar la familia como un refugio de amor, apoyo y protección.
Sin embargo, no todas cumplen con esta imagen idílica.
Leticia G. Domínguez levanta la costra de una herida y nos obsequia una
historia afilada y conmovedora sobre lo que es crecer en un entorno
tóxico y lidiar con una familia disfuncional.
Papá nos quiere, una novela que he tenido el placer de leer con mis amigas Marian del
blog
MarianLEEmásLIBROS
y Rosa del blog
Cuéntame una historia, como primera
lectura conjunta
de este año de Debate a tres, nuestro club de lectura.
Un libro que hemos descubierto gracias a Yolanda del blog
La vida de mi silencio.
Si te apetece, puedes hacer clic en los blogs y leer las correspondientes
reseñas, estoy segura de que te van a encantar.
La historia se mueve entre el presente y el pasado de la
narradora protagonista, un personaje al que la autora decidió dejarnos con la incógnita del
nombre,
que guiada por
Gomes,
su psicoanalista, intenta revivir su infancia para indagar en el origen
de sus traumas actuales.
Me he visto obligada a revivirlo cuando cumplo los veinticinco, y me doy cuenta de que, a pesar de mi juventud, a pesar de vivir independizada en Madrid, simplemente no puedo seguir. No puedo avanzar porque carezco de fuerzas, desconozco cuáles son mis deseos. No puedo sentir ni oír nada dentro de mí, allí no existe más que la noche guardada en un cuarto muy pequeño. Hay un cable telefónico cortado entre las preguntas que formula mi boca, y mi interior, que debería darme alguna respuesta.
Comienza sus terapias a los veinticinco años, porque se lo ha prometido
a
Jade,
su hermana menor que ahora vive y
trabaja en Bratislava y que, a través de Skype, también está en tratamiento
con el mismo psicoanalista. Pero
Jade es distinta, rebelde y atrevida por lo que ha sido capaz de
independizarse y relacionarse con los demás.
Jade tiene coraje, es la única de las dos que no acepta el no como única opción. Aunque a menudo no logre resultados, pelea y lucha durante días por aquello que quiere. Les grita a papá y mamá. Les dice: Si no me dejáis, me iré y no os veré nunca. Admiro a Jade.
Antes de que sus padres la adoptaran y se convirtiera en su hermana, Jade
era su prima, hija del tío Eduardo. Según su madre, él era la oveja negra de la familia
paterna, ese hermano de su papá que "se arrejuntó con una hippy".
Jade es un año menor que la protagonista, cuando tenía seis años sus padres tuvieron un accidente con el coche y
fallecieron, ella se salvó gracias a que esa noche la habían dejado en casa
de una vecina. Tras ese suceso traumático tuvo que adaptarse a la nueva
familia, en un clima hostil, de rechazo e incomprensión.
Tras comenzar a cumplir mi promesa comprendo que, para reconectar ese cable telefónico, el que permitirá el intercambio entre mis preguntas y mis posibles respuestas (si es que las hay), debo regresar al pasado, reconocer sentimientos prohibidos y jamás expresados, viajar con la memoria a todas las casas que habité, encontrarme con la niña que fui.
Tumbada en el diván, tras varias sesiones con Gomes, las primeras casi sin hablar porque apenas tiene nada que decir, la protagonista nos traslada a un barrio al sur de Madrid, en los años noventa. La música acompaña sus recuerdos, The Corrs, Britney Spears, Calamaro, Avril Lavigne... y así poco a poco vamos conociendo a esta familia disfuncional de clase media.
Rafael,
el padre, es abogado, una persona conservadora y autoritaria, que
impone sus reglas de manera inflexible y sin negociación a su esposa y a
sus dos hijas, humillándolas y faltándoles al respeto, utilizando la
violencia psicológica y también física. Con su comportamiento
dictatorial y escudándose en la religión, obliga a las dos chicas a
comportarse y a asumir actitudes y responsabilidades que no les
corresponden, robándoles la infancia e ignorando así sus necesidades y
sentimientos.
Mientras oigo sus zancadas en el pasillo, repito: Papá-me-quiere, papá-la-quiere, papá-nos-quiere. Le voy a dar un beso por compasión, porque no sabe lo que hace, porque tengo que poner la otra mejilla. Preparo la boquita convencida de mi perdón, también de su inocencia. Anudo y guardo muy adentro esa parte de mí que me pide seguir protegida tras la lavadora. Me someteré a lo que papá exija, porque he aprendido que si me resisto (¿patadas a su espinilla?, ¿gritos destemplados?, ¿llanto?), habrá un castigo aún peor que el del beso que me está robando.
La madre que, con sus aires de grandeza, solo desea vivir en el barrio de Salamanca, que se vanagloria de ser la mujer de un "A-BO-GA-DO" y cree poseer un estatus superior a todas sus vecinas, es en realidad una mujer sumisa, oprimida y casi anulada por Rafael.
Mamá y papá no se hablan desde la pelea en la que él le retorció el brazo, la empujó contra la pared y luego le puso la mano en el cuello, como estrangulándola. Jade y yo nos echamos a llorar. Deseé no existir, nunca haber nacido.
Lo grave es que,
siendo ella también víctima de la agresividad de su marido,
en lugar de brindar amor, cariño y comprensión a sus hijas, respalda y
justifica su actitud, comportándose con ellas de manera inflexible y no
tolerando opiniones y conductas que no coinciden con las expresadas por
él.
Jaime, "como Jaime el
Conquistador",
es el hermano de la protagonista, nació
cuando ella tenía nueve años y es
el hijo predilecto de mamá y papá, el que goza de todos los privilegios y
para quien las normas autoritarias no se aplican. Un chico consentido y
malcriado que hace gamberradas.
Su falta de respeto por las normas me escandaliza. Miro a mamá esperando que le reprenda, pero al ver su enorme sonrisa recuerdo que ella cree que Jaime es superdotado y que todo lo hace bien. Entonces me vuelvo a papá, que permanece callado y expectante porque, como él siempre nos ha dicho, el primero de la clase es el único con derecho a hacer lo que le dé la gana. Papá está ausente, perdido en la contemplación de Jaime como en una estrella lejana. Parece dispuesto a abdicar y dejar que su hijo (ni mamá, ni Jade, ni yo), sino Jaime, le sustituya en el púlpito del discurso público y familiar.
Once capítulos nos muestran en retrospectiva la vida de
la protagonista, herida y oprimida por unos padres totalitarios y
católicos a ultranza que marcan su infancia coartando su libertad e
infundiéndole miedo a todo aquello que sale fuera de las paredes del
hogar.
Y entre tanto vacío y oscuridad,
Jade es su única amiga, la única luz
que alumbra su camino.
... en mi vida solo Dios me va a ayudar, solo la fe me va a salvar y solo mi familia me va a querer, NADIE de ahí fuera lo hará. Mamá me lo explica y se esfuerza en demostrarlo para que yo pueda comprenderlo bien.
Una ópera prima cruda y valiente,
escrita con una prosa cuidada y ágil al tiempo, que he leído con el corazón
encogido, cruzando los dedos y deseando que Gomes, mediante sus terapias
psicoanalíticas, ayude a la protagonista a comprender la raíz de sus
problemas y logre guiarla a encontrar su verdadero yo.
A medida que pasa el tiempo y crezco, siento que mamá y papá han ido cosiendo una funda de colchón con los trocitos de piel que me arrancan con sus palabras y actos. Esa es la funda sobre la que depositan su peso al dormir, muy lejos el uno del otro, la que manchan con el sudor de sus pesadillas, la infección de sus enfermedades: ¿quedará algo de piel para esa mujer que vivirá lejos de esta casa y que llevo tantos años esperando ser?
Una novela que recomiendo y que invita a reflexionar sobre las familias
tóxicas y sus consecuencias en el desarrollo de los niños, sobre cómo
afectan los traumas infantiles en la edad adulta y sobre la religión y su
papel opresivo y asfixiante cuando es aplicada a muerte.
Valoración
5/5
☕☕☕☕☕
Una historia de lazos y traumas familiares.
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