Nubosidad variable - Carmen Martín Gaite


Una novela de introspección psicológica que cuenta la historia de una hermosa amistad femenina.

Sinopsis oficial
Sofía Montalvo y Mariana León fueron amigas en el colegio. Sofía, joven imaginativa, de carácter abierto, se ha visto atrapada en una anodina existencia de esposa y madre de familia. Mariana se ha convertido en una brillante psiquiatra de moda. Al cabo de más de treinta años, el azar las hace coincidir y el recuerdo de su amistad desencadena en ambas una revolución interior que irá creciendo a lo largo del libro.

En el encuentro, Mariana evoca la afición de Sofía por las palabras y la anima a escribir. Ella, con la sensación de quien se dispone a ordenar el cuarto donde se amontonan los miedos, objetos, presencias y fantasías, estrenará su primer cuaderno. Entretanto, Mariana se marcha de Madrid y compone para Sofía cartas que no se atreve a echar al correo, donde va tomando el pulso a su desintegración psicológica. La novela es, así, la historia de dos escrituras, pero también, quizá por encima de todo, la reconstrucción de una amistad.

Ficha técnica del libro leído
Título: Nubosidad variable
Autor (es): Carmen Martín Gaite
Editorial: ANAGRAMA
Fecha publicación: 4/2006
Formato: eBook
Páginas: 432

Acerca de la autora
Autora de la novela Nubosidad variable
Carmen Martín Gaite
(1925-2000) es una de las escritoras más importantes y galardonadas de nuestra literatura. Entre sus novelas figuran Entre visillos, Ritmo lento, Retahílas, Fragmentos de interior, El cuarto de atrás y, publicadas por Anagrama, Nubosidad variable, La Reina de las Nieves, Lo raro es vivir, Irse de casa y Los parentescos, al igual que Cuentos completos y un monólogo, los ensayos Usos amorosos de la postguerra española (Premio Anagrama de Ensayo), Usos amorosos del dieciocho en España, El proceso de Macanaz, El cuento de nunca acabar, Agua pasada, La búsqueda de interlocutor y Pido la palabra, y la obra teatral La hermana pequeña.

------------------------------
Fuente: anagrama-ed.es
------------------------------

Mis impresiones
Nunca había leído a esta prestigiosa y reconocida autora y quedé gratamente sorprendida con su prosa. Escrita con maestría y con palabras que brotan del alma, Nubosidad variable es una historia que fluye con mucha naturalidad y que narra una amistad femenina nacida en la escuela, alimentada por las mismas pasiones de la adolescencia y redescubierta tras casi treinta años de separación.
Mariana y Sofía, mejores amigas desde la infancia, toman caminos separados tras terminar el bachillerato. Debido a un suceso que conoceremos a medida que avanza la historia, pierden el contacto y su amistad se desvanece.

«¿Quién ennegreció el oro? ¿Por qué el oro fino perdió su brillo?». Yo me lo preguntaba mucho a lo largo de aquella primavera en que nuestro oro fino se ennegreció, y eran porqués sin respuesta; yo misma en el fondo no quería buscarla, tenía miedo de hurgar en lo que habría podido darme una respuesta fea.

Sofía Montalvo, de mirada soñadora y bohemia, amante de la escritura desde siempre, se casa con Eduardo, un aburrido, vanidoso y ambicioso empresario, que le es infiel y con quien nunca ha tenido nada en común, ni en el mundo de los sueños ni en la realidad, pero con quien tendrá tres hijos, hoy día ya adultos: Encarna, Lorenzo y Amelia.

La culpa de que Eduardo y yo apenas nos hablemos no sólo la tiene él. No sé por qué digo que me ha decepcionado, si no me interesó nunca conocerlo a fondo. Di por hecho que lo conocía y me desentendí; sólo te enamora lo que te intriga, yo con Eduardo me casé sin estar enamorada y de ahí viene todo. Podía tener los mismos defectos que tiene, a nadie se le deja de querer por sus defectos, sino porque descubres que no te interesa interpretarlos ni comprenderlos. Es que ni siquiera consigue sacarme de quicio. No me puedo quejar de nada, él no tiene la culpa.

Mariana León, en cambio, se convierte en una psiquiatra de renombre y no se casa, a pesar de conocer a varios hombres, entre ellos quizás al que podría haber sido el amor de su vida.


Amigas viendo cuadros


Transcurren varios años sin saber nada la una de la otra, hasta que un día se reencuentran por casualidad en una exposición de pintura en Madrid. Su amistad, latente durante años, resurge con toda su intensidad, profundamente conmovidas intercambian direcciones y deciden escribirse cartas que, salvo las dos primeras, no se enviarán.

«La sorpresa es una liebre, y el que sale de caza, nunca la verá dormir en el erial». Esto lo escribí en uno de mis diarios de juventud. Lo que no sabía es que no era yo sola quien recordaba la frase y que al poco rato alguien me iba a saludar citándola textualmente. Quién podía imaginarse que, después de los años mil, en ese local rebosante de famosos iba a encontrarme contigo, lo que son las cosas, con Mariana León en persona.

Así comienza un fascinante y mágico relato narrado por dos voces, en parte diario, en parte epistolar, en el que el pasado se va desvelando poco a poco y el presente se contempla desde nuevas perspectivas.
Sofía, asfixiada por una vida en pareja que ya no reconoce y una dinámica familiar que le cuesta seguir, al escribirle a su amiga, se dará cuenta de que la escritura es su refugio y que durante demasiado tiempo ha dejado de lado ese talento.

Comprendí que hay que mirar las cosas desde fuera para que el desorden se convierta en orden y tenga un sentido. Todo se entiende y se aprecia de otra manera.

«De todos los pozos se puede salir —leo— cuando se enciende la curiosidad por saber lo que estará pasando fuera mientras uno se hunde»

Mariana, por otro lado, tras el intento de suicidio de Raimundo, paciente, amigo y también amante, con quien mantiene una relación bastante tóxica, decide repentinamente alejarse un tiempo de Madrid, tomarse un descanso de sus pacientes y de su vida diaria que ya se le está haciendo demasiado pequeña. Se refugia así en Puerto Real, una localidad de la provincia de Cádiz, en una mansión junto al mar, situada en la Calle de la Amargura, propiedad de Silvia, paciente y amiga adinerada que le ha ofrecido su casa cada vez que necesite descansar.


Ocaso, Playa, Cádiz, España

Sonrío absorta a la línea incierta del horizonte que el sol va a teñir de fuego cuando se hunda en el mar dentro de un poco. «Acaríciate con el aire, está lleno de ángeles». Es una frase tuya, Sofía, de la que tal vez no te acuerdes. Pertenece, como la de la liebre en el erial, a tus primeros intentos de conquistar territorio poético. Veníamos de una excursión a Ávila organizada por el instituto, asomadas a la ventanilla del tren. Y yo, no recuerdo por qué, estaba de mal humor. El viento nos alborotaba el pelo. «¡Tengo unas ganas de ser mayor!», dije. Tú me señalaste sin hablar un grupo de nubes doradas que se dibujaban sobre los peñascos. Que me acariciase con el aire, que estaba lleno de ángeles. Cuántos años han pasado hasta poderte obedecer. Ahora que esa frase ha irrumpido de repente, huyendo de tu patria a la mía, derribando las barreras del tiempo, saboreo el prodigio sin pedirle más explicaciones, y los ángeles del aire me abanican de verdad, me rozan los labios con sus alas, me despeinan. 

Mujer, jardín, diario
¿Y sobre qué escriben? Pues sobre sí mismas, sobre la vida, la soledad, los arrepentimientos, las decepciones, las esperanzas. Ambas regresarán a los recuerdos familiares, a sus días de escuela, a conocidos comunes, y en medio de todo, también recordarán un nombre: Guillermo...
Llenarán página tras página, cuaderno tras cuaderno, y mientras tanto, analizarán su propia existencia con las inevitables reflexiones, conscientes por fin de quiénes son y qué quieren.

Las dos mujeres se habían levantado y estaban recogiendo a toda prisa, aunque con gestos armoniosos, sus cuadernos y carpetas, y metiéndolos en una bolsa grande de lona. Pero ni aun ahora aquellos rostros, por los que empezaba a resbalar la lluvia, daban muestras de cansancio, contrariedad o apuro, sino que parecían, más bien, iluminados por un resplandor interno de serenidad.

Un libro que no presenta un desarrollo narrativo extenso, pero sí una gran historia, de las que se leen despacio para poder saborear cada frase, un trozo de vida misma.
Una historia delicada, profunda, que me ha gustado mucho y que explora brillantemente el enigma de la amistad femenina que si bien, por un lado, tiende a ser más íntima y más intensa emocionalmente que la amistad de los hombres, por otro lado, también es mucho más frágil. 

Me reconozco cuando Mariana afirma que:

... las cosas que no se aclaran a su debido tiempo van formando como un muro de escoria porosa que enseguida se empieza a solidificar hasta que al final no hay piqueta que lo derribe. La pared de mampostería, sí, exactamente eso. Un dique fraguado con cemento de cobardía e inercia, que acaba impidiendo el paso a una relación antaño transparente. Se obstruyen los conductos de la tubería y se va almacenando por dentro mucha mierda, aunque no lo sepamos porque tarda en oler. Lo malo, además, de esas tuberías del alma es que se localizan mal y que no sirve cualquier fontanero, tiene que ser uno muy especializado.

Las amigas, para muchas de nosotras, lo son todo y las integramos en nuestras vidas tan profundamente como hermanas. Con ellas paseamos, vamos al cine, comemos, nos manifestamos, nos amamos, reímos y lloramos; en ese espacio íntimo que la amistad sabe proteger tan bien, somos capaces de sincerarnos, apoyarnos, discutir y a veces también enfadarnos, para luego darnos cuenta...

... de lo maravilloso que es poderle preguntar a alguien: «¿Te acuerdas?», y notar que sí, que se acuerda.

Una novela profunda, vibrante, que deja poso y que si has vivido experiencias significativas, la apreciarás aún más.

¡No te la pierdas!


Valoración
4/5  
☕☕☕
Una historia para mirarnos hacia dentro y así ver mejor lo que está afuera.


Los Libros de Mava


 

CONVERSATION

1 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu reseña. Lo leí hace unos veinte años, no me gustó, lo dejé a medias, lo retomé a los años y me gustó muchísimo, lo recuerdo con mucho cariño y me descubrió a una grandísima autora. Un abrazo.

    ResponderBorrar

¡Tus comentarios son importantes para mí!
No te vayas sin dejar tu huella 😉