Diario de un despertar en una gran ciudad, un poético homenaje a la ciudad de Madrid.
Sinopsis oficial
De la manifestación del 8M de 2019 a los duros meses de confinamiento, desde
los paseos en bici por el Retiro a los bares familiares de la Latina o el
bullicio del Rastro, del orgullo LGBTI+ a la agitada vida cultural de la
capital: Madrid me mata es el Madrid de Elvira Sastre, una segoviana que llegó
a la ciudad hace ocho años para hacerla suya: aquí ha celebrado el amor y ha
llorado por las pérdidas; ha conocido sus barrios y sabido cuándo era el
momento de dejar las calles del centro para buscar una casa con vistas al
cielo.
Madrid me mata recorre más de dos años en la vida de Elvira Sastre. Partiendo
de las columnas que escribió para El País desde septiembre de 2018 a noviembre
de 2020, la poeta y ganadora del Premio Biblioteca Breve 2019 ha dado forma a
su libro más personal, tan tierno e íntimo como reivindicativo, en una edición
muy cuidada que incluye fotografías a color, poemas, cartas y contenido
escrito para la ocasión.
Ficha técnica del libro leído
Título: Madrid me mata
Autor (es): Elvira Sastre
Editorial: SEIX BARRAL
Fecha publicación: 02/2022
Formato: eBook
Páginas: 304
Acerca de la autora
Elvira Sastre nació en Segovia en 1992.
A los quince años inaugura el blog Relocos y Recuerdos, y escribe sin
cesar, dando a conocer sus versos a través de las redes sociales. Ha
publicado los poemarios
Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo (2013),
Baluarte (2014), Ya nadie baila (2015) y
La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (2016).
Elvira colabora con músicos, cantautores y otros poetas, y ha publicado dos
libros que combinan la ilustración y la poesía:
Tú la Acuarela/Yo la Lírica (2013), una colaboración con la
ilustradora Adriana Moragues, y Aquella orilla nuestra (2018),
ilustrada por Emiliano Batista (EMBA).
Elvira Sastre compagina su carrera poética con la escritura y la traducción.
Ha traducido a poetas como Rupi Kaur o Gordon E. McNeer y a novelistas como
E. Lockhart o John Corey Whaley. Recientemente su obra y su labor en favor
de la creación artística han sido reconocidas con el Premio La Sombra del
Ciprés, concedido por la Asociación Cultural de Novelistas Abulenses.
En la actualidad, la escritora llena teatros y salas de conciertos con sus
recitales poéticos y comparte con los lectores su poesía, vivencias y su
mundo personal a través de las redes.
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Fuente: planetadelibros.com
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Mis impresiones
Hay libros que destacan por ser diferentes, libros que no solo se leen, si
no que además se abrazan.
Madrid me mata ha sido para mí uno de esos, una obra a medio camino entre el ensayo, la prosa poética, la
reflexión y la confesión, que he leído y debatido con mi gran amiga
Marian de MarianLEEmásLIBROS, como
lectura conjunta
de nuestro
Club de lectura MavaMar.
Por si te apetece conocer su opinión, AQUÍ en su cuenta de Instagram,
puedes leer su reseña.
Acercarse a una autora por primera vez es siempre una aventura
emocionante, un entusiasmo que se ha transformado en fascinación al
descubrir la ciudad de Madrid a través de su mirada única y personal.
Empecé a leer el libro y terminé subrayando muchas de sus páginas. No
porque estuviera buscando frases bonitas, aunque las hay, y muchas, sino
porque en varias líneas reconocí algo mío. Algo de mi propia relación con
esta hermosa ciudad que cautiva sin cesar y roba fácilmente el corazón de
los que la viven.
Conocí Madrid el verano del 2010, la capital justo acababa de acoger una
masiva celebración histórica el 12 de julio para recibir a la selección
española de fútbol tras ganar su primer Mundial en Sudáfrica. Si bien esa vez la
estancia fue muy corta, no impidió que la ciudad me inspirara admiración
desde el primer momento.
En los siguientes años he vuelto a ella en tres distintas oportunidades, claro, es que a Madrid siempre se vuelve porque la ciudad atrapa con su energía única, su vida en la calle y la sensación de que nadie es un forastero. Han sido permanencias largas, de muchos meses, que me han permitido descubrirla despacio, sorprendiéndome a cada paso.
Una ciudad que solo viviéndola me ha mostrado su verdadera esencia,
esa naturaleza que no reside en la majestuosidad de sus palacios, sino en
la vida que se respira en sus barrios, en esa luz dorada del atardecer que
incendia los tejados y en el rumor constante de una urbe que se niega a
dormir.
Así ha sido mi paso por Madrid, una ciudad que se abraza y se vive con
pasión, caos, calidez y autenticidad cuando te atreves a mirar más allá de
lo evidente.
Y ¿cómo no enamorarse de ella si te abre sus puerta y te
acoge, te adopta y te brinda tanto cariño?
Madrid es volver y sentir que no te has ido; irte y sentir que ya estás volviendo.
Madrid me mata no es una novela
con trama y giros de guion, es el diario íntimo de Elvira Sastre durante más
de ocho años de su vida en Madrid, una auténtica carta de amor a la ciudad.
El libro, aunque se presenta agrupado según las estaciones del año, no
guarda un orden cronológico ni temático, y eso funciona muy bien, he sentido
el paso del tiempo en la piel, casi como si yo también estuviera viviendo
esos años junto a ella. Textos personales, cartas, recuerdos, poemas y
fotografías van tejiendo un retrato muy tierno de esta gran capital.
Nací en Segovia y en Segovia pasé mis primeros veinte años, tan lentos como un viaje en tren antiguo, cobijados bajo un techo donde todo se daba por sentado de una manera terriblemente sencilla.
No hay un conflicto que se resuelve al final, el foco no está en qué pasa,
sino en cómo se siente, se piensa y se expone una realidad. Por eso un hilo
emocional recorre todo el libro, el de una chica de Segovia que llega a
Madrid siendo muy joven y que, poco a poco, aprende a habitarla de verdad.
Llegué a Madrid hace casi una década impulsada por una huida hacia delante. A veces escapar es otra forma de protegerse, de convertir la tierra que queda entre medias en un océano amplio, donde la tormenta se mantiene al otro lado. Con la fuerza inocente de los veinte años, cuando uno cree que es posible llegar a la cima sin hundir antes los pies en el barro, terminé una historia que venía acompañándome un largo tiempo. Si lo hice o no, todavía lo pongo en duda. Pero no me importa. En muchas ocasiones, es esa ingenuidad, el olor a limpio de aquel tiempo, la que me devuelve a los sueños una vez despierta, a creer que se puede querer a alguien sin esperar nada a cambio. De aquello aprendí que el amor nunca termina, que puede ser inagotable; los que nos desvanecemos somos nosotros al pisar el barro.Y no pasa nada, porque no siempre la cima es el final de la montaña.
Elvira Sastre nos pasea por Lavapiés, Acacias, Las Vistillas en La Latina
y todos esos barrios que hizo suyos, nos habla de amores que llegan y se
van, de una pérdida dolorosa que menciona pero no termina de contar del
todo, dejándome así con la curiosidad intacta, ja, ja, ja.
Habla del 8M, del orgullo LGBTI+, del 11M y no escatima en temas
políticos, sociales e incluso costumbristas, de la pandemia vivida desde
dentro, de su abuela, de sus perros, de mudarse de casa. Vivir,
básicamente, con todo lo bonito y lo difícil que eso implica.
Una vez, en una presentación de un libro, (mi abuela) me preguntó: «¿Por qué Madrid te mata, hija? Si Madrid no te mata, ¡Madrid te vive!». Y no pude hacer otra cosa que darle la razón. Madrid me mata para hacerme renacer de nuevo, como los mejores sueños: esos que se cumplen.
El amor y la tristeza, la ilusión y la nostalgia, el esfuerzo y la
recompensa se contraponen en el camino personal, la dualidad de la vida y la
eterna balanza que te proporcionan las grandes ciudades: mejores
oportunidades profesionales, libertad, nuevas amistades y lugares por
descubrir, pero también: la soledad, el anonimato, la contaminación, el
ruido…
Madrid es una ciudad océano, aunque no tenga mar. Cuando la conoces, te da dos opciones: zambullirte en ella y flotar sobre su superficie o escapar a braza antes de que te ahogue.Es una capital rápida que te obliga a ser más veloz que ella para que no te alcance. No contempla: solo mira, con los ojos apresurados. Tampoco espera: sigue su camino sin que importe el paisaje. Pero tiene algo que la hace humana: la generosidad. Madrid te abraza si quieres que te abrace, te observa si quieres que te observe y te ayuda si quieres que te ayude. Solo hay que pedírselo.
Elvira Sastre sin embargo reconoce también que no hay que idealizar las cosas: Madrid no es para todo el mundo, hay gente que lo ha intentado y no se ha encontrado; no es una ciudad perfecta.
El otro día hablaba con Sara, una amiga que vino a Madrid en busca de eso que no es un trabajo ni una oportunidad, sino un hogar. Ella no lo encontró aquí. Solo conoció lugares equívocos, encuentros forzados, situaciones complejas. Puertas que no llevaban al sitio adecuado, voces desconocidas, días de angustia. Aguantó unos meses, los justos para sentir la asfixia de las ciudades que nunca se aprenderán tu nombre, y se marchó. Ahora pronuncia las palabras con un aire distinto en la garganta, mucho más limpio. Reflexionamos juntas, y llegamos a la conclusión de que hay algo que tiene en común con aquellos que tampoco se hallan en la capital: la soledad. Es así: Madrid es hostil con quien se siente solo.
Su poesía intimista brota, hermosa, en cada página, la autora es poeta
antes que nada, y eso se nota a leguas. Su prosa tiene ese ritmo pausado,
casi musical, que despierta emociones y te hace releer párrafos solo por
el placer de sentirlos otra vez.
Escribe como quien te está confesando algo en voz baja, con ese don capaz
de convertir una tarde cualquiera en el Retiro en "una experiencia
religiosa", y una carta a sus abuelos durante el confinamiento en un texto
que suscita empatía y conmueve a quien lo lee.
Queridos abuelos, ¿cómo estáis? Sé que en casa, en Segovia, ahora tan lejos, y os supongo asustados, inquietos, así que he pensado en maneras de quitaros el miedo y se me ha ocurrido hacerlo a través de esta carta que sé que no os perdéis, estemos en alerta o de vacaciones.Y es que esa es una de vuestras enseñanzas. Vosotros me lo habéis quitado a mí siempre: el día que Isabel se cayó en un hormiguero, cuando Bea se rompió el radio jugando en Madrona o cuando murió Tango. Os confieso que los primeros días solo quería ir a abrazaros, pero ya he entendido que la mejor manera de protegeros, a vosotros y a los abuelos de todos los demás, es quedándome en casa, en Madrid, y eso estoy haciendo. Ya no tengo prisa: solo ganas...
Aquí no hay personajes de ficción, solo personas reales dibujadas con
muchísimo cariño. Su abuela, que la acompaña como raíz y memoria. Sus
amigas. Sus amores, presentes y pasados. Sus perros. Los vecinos que se
asoman a la ventana...
Y por encima de todos ellos, Madrid, protagonista absoluta y también escenario.
Sastre le habla directamente, la nombra como si fuera una persona a la que
a veces quiere y a veces le pesa. Esa relación de amor-odio con la ciudad,
el propio título ya lo anuncia, es lo que más me ha conmovido.
Me has dado amor profundo y real, me has dado ilusión de la que daña, me has dado pasión incontrolable y una libertad que defenderé hasta que muera, me has dado tristeza absoluta y también la manera de comprenderla, me has dado la nostalgia que se enciende con las farolas por la noche, me has dado rabia y la fuerza necesaria para combatirla, me has dado voz, me has dado palabra.
Un Madrid que se puede tocar, una ciudad viva que se transforma, se equivoca, se adapta, se mezcla, se contradice y se habita. Una urbe que es como un viaje en sí misma,
cada barrio un mundo completamente distinto, el Madrid de la autora, el
Rastro un domingo, donde los objetos perdidos buscan nuevas historias, las
cañas en la calle Argumosa, el mercado de San Miguel en invierno, Madrid Río, el
parque canino de El Retiro, los puestos de libros en la Cuesta de Moyano, la Librería del Mercado, en Lavapiés.
Madrid es un encuentro.Madrid es la sensación de que, por fin, estamos aquí. Juntos. Y que pase lo que pase, nadie nos va a separar.
Un libro que he leído despacio y que me ha hecho sentir acompañada, como esa amiga que te cuenta su vida poco a poco. Al igual que Sastre, yo también he llegado a Madrid desde fuera.
En algunas ocasiones, mudarse no es solamente cambiar de casa, es dar un paso hacia el sitio en el que quieres estar. Esta es la parte buena de mudarse: deshacerse de lo que ya no necesitas, hacer hueco a lo que está por venir.
Y como ella, he aprendido que querer a una ciudad no es tan distinto de
querer a una persona: hay días de rabia y de cansancio, y aun así, al final,
siempre vuelves.
Cuando estoy lejos de Madrid, recuerdo sus calles, las aceras sombreadas de árboles. Pienso en mi amiga, en la familia y también en las librerías y en los parques que conozco. Entonces siento que uno puede ser feliz en Madrid. La ciudad de la amistad y el cariño, de los paseos y de los libros. Ese Madrid que a veces uno olvida cuando vive en Madrid, y que recuerda con nostalgia cuando se encuentra lejos.
Ya he vuelto a Madrid. Todo sigue igual —es una de las particularidades de esta ciudad: siempre te espera, como si el tiempo no hubiera pasado, paciente y sin rencores—.
Madrid me mata no es un libro
para devorar en una tarde. Te lo recomiendo si te gusta la poesía pero
también la prosa cercana, si vives en Madrid o has vivido aquí alguna
temporada. Cuando lo termines, te aseguro que mirarás esta ciudad con otros
ojos.
Valoración
5/5
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Crónica de lo cotidiano y poesía urbana.



















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